Categoría: Historias de este pueblo
19 Marzo 2006
(Este post contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad del lector, prefiero advertirlo.) Encontrarse a un cadáver en la playa no es plato de buen gusto para nadie. Según el tiempo que lleve en el océano, lo ves todavía con sus ropas, color, pelo y manos agarrotadas si se ahogo esa noche o hace un par de días. Cuando te encuentras con una masa blanquecina, amorfa, de sexo indefinido y olor pestilente entonces es que el mar ha decidido tomarse su tiempo antes de devolver su víctima a tierra.
Hace unos seis o siete años llegamos a acostumbrarnos a ver las pateras abandonadas en nuestras playas, los pescadores desmontaban los motores fueraborda, la Guardia Civil tenía mañanas en las que no sabía dónde meter a todos los indocumentados que llegaban a nuestras costas y ver un desembarco con treinta personas saltando a tierra y huyendo hacia el monte a media mañana era posible.
Cuando el mal tiempo y o alguna imprudencia producían el vuelco de la embarcación la catástrofe estaba asegurada y durante los días siguientes un reguero de cadáveres y derrumbadas esperanzas sembraba nuestras costas. Sobrecogedor. Levantabas la vista y ahí estaba la silueta de Tánger, no más de 20 kilómetros.

Obviamente eran demasiados pocos. Nuestras autoridades instalaron el SIVE (Servicio Integrado de Vigilancia Exterior), que es un tinglado muy grande lleno de radares que permiten ver absolutamente todo lo que se mueve en el agua. El número de pateras y naufragios descendió y a día de hoy las únicas embarcaciones clandestinas que llegan son potentes zodiacs cargadas de hachís. Mercancía más rentable que los ilegales.
Ya no tenemos muertos en nuestras playas. Ya solo los veo donde los he visto siempre, en el telediario. Primero en las playas de Almería y Granada, después en las vallas de Ceuta y Melilla apaleados por nuestros soldados, a su vez en las playas de Lanzarote y Fuerteventura. Se habla de extender el SIVE al resto de la costa andaluza, de poner un sistema semejante para las islas Canarias, se han ampliado y aumentado las vallas de Ceuta y Melilla.
Ahora hemos comprado el apoyo de Marruecos. Pero siguen viniendo en frágiles embarcaciones, ya no se llaman pateras ahora son cayucos. Ya no salen de Marruecos, salen de Mauritania. Ya no tienen que recorrer 20 kilómetros, ahora más de mil. Ya no son 8 horas de travesía, ya son más de 8 días. Ya no mueren un par de decenas, sino que en tres meses han muerto más de mil. Hemos hecho un gran trabajo. Ahora vamos a dar patrulleras a Mauritania, para que vigile su costa.
Eso sí cuando una plaga de langostas hace dos años asoló todo el África subsahariana y devoró todas las cosechas nadie se preocupó, ahora seguimos subiendo nuestras vallas.
servido por cronicaszarzuela
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13 Marzo 2006
....hemos venido a emborracharnos, el resultado nos da igual". Con esta máxima del Cádiz, de ese equipo que intenta sobrevivir en primera a duras penas pueden resumirse estos carnavales.
Tuvimos tanto éxito que acabamos ganando el segundo puesto en la cabalgata oficial del pueblo, vamos, 200 euros que hemos donado a los niños del Sahara. Para eso nos curramos 24 botellas de sidra y un coche de Formula 1, que hasta entonces no había pasado de bañera, bueno eso, y un equipo de 8 mecánicas y 8 animadoras para celebrar el campeonato del mundo de Fernando Alonso.
Ahí estaba yo, con mi falda, mis mallas, mi melena al viento, mis uñas pintadas y mis pezones desafiantes desfilando ante toda la población con el resto del equipo. Parece que hace falta llegar a los 30 para darte cuenta que eres tan ridículo que lo menos que puedes que hacer es empezar a reirte de ti mismo. Pues en eso hemos pasado este fin de semana.
Debemos ser el único pueblo que celebra los carnavales a mitad de la cuaresma, con lo que eso significa. Todos estan de recogimiento y en este pueblo seguimos de fiesta, borrachera y sin ningún tipo de autoridad dispuesta a encauzarnos. Simplemente comentaré que el estado etílico de la policía municipal a las 3:00 AM era peor que el mio, lo que ya es decir.

Sin embargo la mayor grandeza de estas fiestas es ver como el pueblo sigue vivo. Sí, es algo grandioso el ver como todo el pueblo participa y se disfraza en esta gran fiesta colectiva. Nuestro pueblo, que no puede disfrutar de sus fiestas de verano porque estamos todos trabajando, que ha visto como la Navidad se ha vuelto un evento consumista está viendo en los Caranavales una posibilidad de demostrar todo lo que tiene dentro.... sin turistas, sin madrileños, sin complejos,.... el pueblo se muestra tal como es aunque necesite disfrazarse para ello.
Esa es la grandeza de este fin de semana, verlos a todos reunidos sin complejos, disfrutando, riendo, alegrándose de una realidad que es la que es, la de un pequeño pueblo de la costa de Cádiz, tal como lo fue siempre. Y todos participan, aprovechan la falta de veraneantes para celebrar y reir, para disfrutar de esta gran fiesta de la irreverencia que es el Carnaval. Y en ese desfile, en esa cabalgata del desproposito no pude más que reir y disfrutar, me senti parte de él, aunque sólo fuese por unas horas...
servido por cronicaszarzuela
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9 Marzo 2006
Te conocí a principios de los noventa, estábamos en la edad en la que nosotros empezábamos a ver a las chicas pero estas ya hace tiempo que veían a chicos mayores que nosotros. Pasamos juntos esos interminables veranos en los que el grupo de amigos era inmenso y la playa parecía nuestra.
Nuestras se volvieron las noches al calor del fuego, las primeras borracheras, primeros escarceos y besos, el sonido de las guitarras, los baños a la luz de la luna y esa confianza en un futuro que no existía tan ocupados como estábamos en que no se nos escapase el presente. Me acuerdo perfectamente de tu voz, tu guitarra, esos chistes gaditanos y esa eterna sonrisa que te hacia irresistible para esas niñas venidas de Sevilla o Madrid. Me acuerdo de tu interminable canción “es el fin es el fin, es el fin…..” que proseguía durante decenas de minutos entre nuestras carcajadas.
También me acuerdo que un verano llegaste con tu novia y ya poco querías saber de tus amigos, de una pandilla que año a año iba perdiendo miembros mientras que el pueblo se llenaba más y más. También sé que al año siguiente tu novia se quedo embarazada y fuiste el primero de mis amigos en ser padre. Tampoco puedo olvidar el día que me presentaste a tu familia. Te habías casado, marchado de casa, tenías mujer e hijo y estabas sin trabajo.

La situación empeoró y ese mismo invierno acabaste en el calabozo con una docena de jóvenes del pueblo (con uno de los tontos del pueblo oficiales incluido). Eran tiempos de mucho contrabando de droga y no pudiste evitar la tentación del dinero fácil para salir del apuro.
A los dos años nos volvimos a encontrar, ya estabas bien para contar todo lo vivido en la cárcel, el miedo que pasaste, la desesperación de la familia, la ley del silencio, que pinchabas la música para la prisión desde el torreón y hasta participaste con otros chicos en un certamen de rock.
Aprendiste el oficio de fontanería y solo sabía de ti por boca de otros. Nuestros caminos, como los de la mayoría de ese grupo inicial habían tomado rumbos diferentes y ya poco compartíamos. Sé que te separaste pero que por lo demás las cosas te iban bien.
Ayer estuve con los del pueblo, me han contado que te han vuelto a pillar en otra movida. A ti y a otros tres del pueblo con unos cuantos cientos de kilos de hachís. Estás otra vez en la cárcel. Serás imbécil.
servido por cronicaszarzuela
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28 Enero 2006
Estamos en un tiempo de tomar decisiones importantes. Tenemos que decidir que tren queremos coger.
Mi amigo de colegio ha decidido cerrar su tienda de fotos, en su lugar va a poner una heladería. A los 16 años decidió estudiar Imagen y Sonido, como sus padres no se lo podían costear y tenía que irse a otra ciudad ni corto ni perezoso cogió una nevera y empezó a vender refrescos y pipas por la playa. A las dos semanas ya tenía un carrito con tres neveras que cargaba afanosamente por la arena.
Se fue a estudiar, al verano siguiente le puso un motor e hizo un carro a medida. Ya vendía helados, refrescos, cervezas, golosinas, patatas....
Un año más tarde con un socio amplió y se dedicó al alquiler de tumbonas, teniendo sus primeros empleados. Para entonces ya había acabado los estudios y montó una tienda de revelados en un contenedor (además del carro, que ya disponía de asiento, y las tumbonas y paravientos).
La tienda no funcionó pero la playa sí. Decidió montar una productora y con su camara grababa tanto bodas, bautizos como reportajes sobre inmigración para las cadenas nacionales de televisión. Para entonces ya tenía su primer quiosco en la playa.
Este último verano además de su tienda física gestionaba cuatro quioscos en la playa y dos puntos de alquiler de tumbonas. Finalmente ahora está reformando el local para montar una heladería ha cerrado la tienda y abandonado la productora. Un negocio que requiere una constante inversión en tecnología no es rentable en una costa como esta.
Se va a comprar una casa y en la lejanía suenan campanas de boda. El pregmatismo se ha impuesto, se trata de vivir y los sueños no dan para comer.
Sé que le va a ir muy bien y me alegro mucho por él, este es mi homenaje particular a un emprendedor y luchador.
Eso sí, no se va a desprender de la camará y ya estamos haciendo planes para rodar cortos y documentales el otoño que viene. Al fin y al cabo rodar bodas, bautizos y comuniones nunca había sido su objetivo.
Este admirador indeciso no puede más que presentarle el mayor de mis respetos y toda la suerte del mundo.
servido por cronicaszarzuela
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27 Enero 2006
Hay sitios con una fuerza especial, en los que solo respirar, oir y mirar resulta abrumador por su belleza y significado. Estas fotos pertenecen a mi sitio, a mi lugar mágico.

Es una encrucijada de caminos, culturas, religiones, mares y continentes. Es la puerta del mayor foso natural que separa la humanidad en dos, la de los que lo tienen todo a los que no tienen nada. Y este muro de agua, al atardecer, se convierte en el alambre de espino más bello que se puede imaginar. Nunca jamás un foso fue tan bello.

Con su trasiego de mercantes y petroleros, con sus modernas estrellas de Belen surcando el cielo, con el sonido del Atlántico de fondo íntentando introducirse en un pausado Mediterraneo. Con Punta Europa a la izquierda, los edificios y plazas de Tanger enfrente y la complicidad del cabo Trafalgar a la derecha.
Todo bañado por los rayos de un mismo sol que insiste cada día en ocultarse tras el horizonte incendiando las nubes del cielo y que ya hace un mes vuelve a dirigirse hacia el oeste en su lento caminar.

En un bunquer, en la que fue nuestra primera línea de defensa hay una explanada digna de ver. Los domingos estoy en El Cartero, entre semana muchas veces por aquí.
servido por cronicaszarzuela
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