Categoría: Zarzu en Venezuela
15 Febrero 2006
Tras diez horas en la Edad de Hielo, o lo que es lo mismo, en un autobús con un aire acondicionado congelador luchando por mi sillón con lo más parecido a un luchador de sumo venezolano llegué a Puerto Ordaz.
Puerto Ordaz es un adolescente hecho ciudad. Tiene 42 años de vida y en ese tiempo surgió de la nada para llegar a convertirse en una población de más de un millón de habitantes. Al igual que los jovenes tiene ese apetito de comerse el mundo, se planificó con grandes avenidas, estupendas autopistas y ultimamente proliferan los centros comerciales enormes saciando el apetito consumista.
Lo más imponente es un salto de agua en el parque de la LLovizna, para ellos es un "salto chiquito", yo creo que por ahi baja más agua que por todos los ríos de España juntos. Esta maravilla natural, perfectamente cuidada se encuentra a cinco minutos de la ciudad, tras la octava presa más grande del mundo. Aqui lo hacen todo a lo grande.
Sin embargo lo más sorprendente para el europeo son esos inmensos espacios entre los edificios, esos descampados, esa anarquica disposición de los edificios que hacen que sea una ciudad iluminada.
Esta ciudad industrial es algo diferente. No puedo despedirme sin anotar nuevamente la inmensa hospitalidad de la que hacen gala los venezolanos, ahh y de las miles de flores que inundan este país en este día.
Mañana Ciudad Bolivar y la preparación del asalto a la Gran Sabana.
servido por cronicaszarzuela
6 comentarios
compártelo
13 Febrero 2006
Tengo el cuerpo como si miles de pájaros levantasen el vuelo tras oir un disparo y empezasen a volar en cientos de direcciones en una coreografía alocada que va recorriendo cada recoveco de mi geografía personal.
Primero fueron unos pocos y a continuación llevado por los pioneros le siguió toda la bandada entre bocinazos, motores, música, pajaros, niños jugando al beisbol en los parques, adultos riendo y conversando, vendedores vociferando sus mercancías, freidoras y planchas ahumando a propios y extraños, autobuses, música en la galería de un centro cultural y también el silencio.
Un silencio iluminado por una luna llena majestuosa, cuya luz solo recorta la sombra imponente del Avila, un silencio en la Galería de Arte Nacional mientras se ve el resultado de las diferentes influencias pictóricas que llegaron al país, incluso el silencio en un Metro que parece escandinavo. Solo pajaros rompen el silencio en un cementerio con vistas a la ciudad con pequeñas y sobrias lápidas en tumbas cubiertas por el cesped.
Y finalmente, el cielo. Desde la planta 18 del Altamira Suitte, en el 360°. Su musica lounge, sus hamacas, un ambiente de "adulto contemporaneo" y una espectacular terraza desde la que se divisan las infinitas luces de una ciudad que se niega a ser finita, que va escalando las montañas, conquistando los pequeños valles, expandiendose a golpe de voluntad y vida en una busqueda del infinito. Solo el Avila se resiste a la conquista que desde el Valle se va expandiendo a todos los confines que el ojo pueda abarcar.
En el 360°, con esa música, un gin tonic en la mano, una alocada ciudad a los pies y dos perlas caobas frente a mis ojos mis miles de pájaros se niegan a parar, se niegan a reposar en la cornisa y piden volar eternamente. La luna llena gentilmente sigue dominando el cielo, que durante esa noche se me antojó increiblemente cercano.
servido por cronicaszarzuela
3 comentarios
compártelo
11 Febrero 2006
Las ciudades son lo que sus habitantes hacen de ellas y aqui en un buen momento parece que decidieron que tal como estaban las cosas había que ir tomándose las cosas con buen humor, tirar pa lante y sonreir. No me extraña que a lo largo de este siglo personas de todos los lugares del mundo desembarcasen en Venezuela y fueron literalmente absorbidos y digeridos por esta polifacética sociedad.
Desde que amanece la ciudad es un ir y venir de vehículos que deciden taponar las arterias de la ciudad en un ejemplo de uniformidad. Desde el helicoptero intentan ayudar mediante la radio a evitar ratoneras que se me antojan inevitables.
Pero este bullicio motorizado, anárquico, amenizado con bocinazos, reaggeton, ambulancias, ruidosos autobuses, vendedores ambulantes se expande a todas las calles, contagia las aceras y va a unificarse con los puestos callejeros, los bancos, marchas y manifestaciones con tambores y música, con la protesta festiva, un mando del ejercito imitando el sonido de una corneta mientras unas cincuenta personas corren alrededor de la Plaza Bolivar, sonidos de locales y tiendas de música, personas que venden copias del texto de la nueva ley de trabajo... y cualquier cosa imaginable.
Al caer la noche, la ciudad no para, se puede comer y tomar durante las 24 horas, sigue habiendo tráfico y los locales de moda se llenan de personas con ganas de reir, disfrutar, conversar, tomar y hablar, continuando el ajetreo del día.
Esta misma energía vital que hace vibrar la ciudad de otra forma también aparece en las partes más elevadas y desfavorecidas de esta ciudad. Con vistas panorámicas al valle, ante una vida llena de complejidades la energía y el buen humor brotan del fondo y levantan escuelas de la nada, proyectos y redes sociales que les llenan de orgullo. En los que comentan que "vamos al socialismo... en burra". Pero los proyectos se llevan a cabo con laboriosidad, salidos de la misma comunidad con ojos llenos de brillo, orgullo y vida, muchisima vida y risas.
Por la noche, con los ojos clavados en el techo de la habitación del hotel siguen llegando los murmullos y ruidos de la calle amortiguados por las paredes.... es en ese momento cuando desde el interior oigo el martilleo, los latidos provenientes desde el fondo, de una maquinaria demasiado tiempo apagada y que parece haber despertado de pronto. Caracas me contagió.
servido por cronicaszarzuela
2 comentarios
compártelo
10 Febrero 2006
Si las distancias las midiesemos en tiempo hay cosas que no acaban de cuadrar. Un ejemplo: trayecto aeropuerto a hotel, unos 30 kilómetros o lo que es lo mismo, cerca de 4 horas con callejeo por Caracas incluido.
Ida y vuelta del aeropuerto de Madrid al centro son unas 10 horas, con cena muy agradable, compra de carretes de diapositivas, encuentro con un amigo en el metro, puesta de sol urbana en Casa Granada (Tirso de Molina), borrachera con toda la peña hasta las 3 de la mañana y vuelta con un taxista novato al aeropuerto, que acababa de pagar 180.000 euros por su taxi y ya estaba arrepentido al tercer día.
Espera en el aeropuerto bastante perjudicado, 2 horas. Vuelo a Frankfurt, cerca de tres horas, y transbordo corriendo pasillos interminables en menos de 10 minutos (con la borrachera convirtiendose en resaca).
Finalmente 10 horas (durmiendo la borrachera) y llegada al aeropuerto, con el cambio horario, gano 5 horas. Hotel y con acompañante, un chaval de Sevilla al que habían dejado tirado. Cuando vemos la cama matrimonial pensamos que para habernos conocido hace 15 horas vamos un poco rápido, conseguimos que nos la cambien por dos camas individuales (ufff, menos mal..).
Finalmente llamada telefónica y encuentro con la mejor guía de Caracas que uno se pueda imaginar con cerveza en Los Leones incluida. Todo va sobre ruedas, a partir de mañana empezaré a contar todo esto, hoy todavía estoy situándome pero esto va a ser apasionante. Esta sociedad está llena de contrastes, tiene un humor envidiable y unas personas fabulosas..... y no hace frio.
servido por cronicaszarzuela
1 comentario
compártelo