Nuestros dirigentes europeos han empezado 2006 muy nerviosos. A la catástrofe estadounidense en Iraq, la enfermaedad de Sharon, el posible triunfo de Hamas en Palestina, los problemas entre Libano y Siria hay que sumar un Iran envalentonado por el apoyo de chinos y rusos. Oriente Medio está una vez más que arde. A eso hay que sumar problemas con el gas ruso (Ucrania y ola de frio), los ataques en Nigeria, las amenazas de Chávez a EEUU y el triunfo de Evo en Bolivia.

Desde Europa nos hemos dado cuenta de nuestra debilidad energética, estamos a expensas de un mundo cada vez más coinvulsionado y en el que nuevos competidores se han sumado al carro del despilfarro energético. Los paises en vias de desarrollo van tomando pocisiones según que casos o bien para asegurarse el suministro (China) o para reclamar una mayor participación en los beneficios (Bolivia).

La energía se hace cara y escasa. Y cuál es la solución que nos dan los políticos: reabrir el debate nuclear. Deberiamos mandarlos a todos de acampada durante dos semanas a Chernobil a ver si siguen con ganas.

Iniciar la construcción de centrales nucleares en Europa significaría el pistoletazo de salida para la proliferación nuclear a nivel global y no solo la civil. El control sobre todo el material radiactivo se haría mucho más dificil y las posibilidades de atentados o de que uranio enriquecido acabase en manos equivocadas se elevaría exponencialmente.

En nuestros paises tampoco se puede descartar esa posibilidad. Tal y como va el mundo y nuestras sociedades tenemos terrorismo asegurado para décadas y cada vez más complejo, preparado y organizado.

Los peligros de la energía nuclear son ampliamente conocidos, valga como ejemplo el accidente de Chernobil y por mucho que haya mejorado la técnica siguen existiendo posibilidades de escape radiactivo. Además está el problema de los residuos, todavía nadie sabe que hacer con ellos. Los enterramos y dejamos dormir durante miles de años, con lo cual es una hipoteca permanete que dejamos a las futuras generaciones.

La extracción de uranio, el procedimiento, trato de residuos y construcción de centrales nucleares son actividades de un coste económico muy elevado. Si dedicasemos todos estos recursos a investigación intensiva y explotación de las energías renovables podriamos producir una industria altamente competitiva y con capacidad de exportación además de asegurarnos la independencia energética.

Por otro lado es inevitable trabajar en el ahorro energético, de la misma forma que los coches actuales consumen menos y contaminan menos el resto de industria y sociedad debe hacer lo mismo. Hay que cambiar el actual modelo de desarrollo. No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita.

Finalmente, ¿en qué provincias ponemos las centrales?. Porque la oposición civil va a ser feroz y les digo algo señores políticos nuestra capacidad de organización y de defensa se ha incrementado mucho en el último tiempo, no subestime a su electorado.

Por todo ello, sigamos como hasta ahora. "¿Nucleares?, no gracias."