Me lo encontré tal como lo veis en la imagen. Estaba cayendo el sol cuando lo descubrí en la orilla, desafiante. Pertrechado con sus armas dispuesto a defenderse en solitario en la inmensidad de la playa. Plantando cara al Notas, que con sus ladridos me delataba su presencia.

No pudó más que conmoverme semejante despliegue inutil, tanta amenaza tanta señal de peligro en la inmensidad de la orilla que deja la bajamar. Un animal que es todo coraza, todo protección y que con sus argucias, sus gestos y su fragil cascarrón intenta defender su blando interior.

Siempre he sentido simpatía hacia este animal y no solo porque al igual que yo muchas veces vaya para atras para encontrar el camino que le devuelva a su refugio.

Me he encontrado con muchos cangrejos a lo largo de mi vida, con su coraza de gomina, de trajes y agendas en algunos sitios ..... con sus tacones, escotes y dietas en otros. Multitud de ocasiones refugiados con montañas de sabiduría domo protección y otras imponiendose con sus gestos, discurosos y miradas penetrantes.

Bien pensado, esta sociedad esta llena de cangrejos que blanden sus pinzas a la menor amenaza, siempre temiendo dejar desprotegido su interior, protegiendose con juegos de artificios, ruidos, carácter, fuerza, energía aparentemente inagotable.

Solo cuando están ocultos bajo las rocas o enterrados en la arena son capaces de relajarse, se sienten seguros y descansan, pero cuando vuelven a salir a la orilla no les queda más que ir hacia atras cubriéndose las espaldas.

Cuando hablo con ellos y sobre todo con ellas prefiero escuchar, a un cangrejo es dificil interrumpirle, blande continuamente las pinzas en señal de fortaleza, muestra orgulloso su coraza, como el de la foto.

Al final les miro a los ojos y me sonrío. Los retrato y dejo que vuelvan a su guarida. Muchos desearán volver bajo la arena, tienen mucho que escribir frente al ordenador por las madrugadas, en su refugio, sin corazas ni pinzas. Me encanta leerlos todas las noches antes de irme a dormir, aunque ellos no me vean.