He resurgido cual ave fenix de mis cenizas, he vuelto a montar mi castillo con los naipes caidos. Y sin objetivos ni metas. Sin buscarle justificación a una vida, la mía, tan absurda como irrelevante. Pero, ¿ y lo tranquilo que se vive sin metas ni objetivos?. No tengo nada que demostrarle a nadie ni falta que me hace.
Creo que por primera vez en mi vida no tengo un plan. Siempre he tenido un plan, un objetivo, un sitio al que dirigir mis pasos, otra cosa es que a mitad de camino ya había cambiado de opinión con lo cual los planes pocas veces se realizaban tal y como estaban pensados. Para eso me servían los planes, para cambiarlos.
Así que ando por la vida sin hoja de ruta, sin destino, sin buscar ciudades encantadas ni misiones imposibles. Voy en mi canoa sin rumbo definido. Simplemente navego, me paro, escribo algo, tomo unas fotos, me tomo un gin tonic, vuelvo a remar y en paz conmigo mismo.
No pienso asentar la cabeza, sinceramente, creo que no estoy hecho para ello. No me capturarán con sus hipotecas y anuncios, con sus centros comerciales y modas efímeras, con sus planes de pensiones y falsos sueños.
Han pasado muchos inviernos, ciudades, trabajos y experiencias para volver al punto de partida. No me convence el tipo de vida que me ofrecen. Voy a tomar mi camino, paso de la autopista general y tomaré mi sendero de cabras hacia ninguna parte.
Durante años estuve dispuesto a todo lo contrario. Viva los fracasos, las falsas metas, las entrevistas de trabajo fallidas, las discusiones y el desamor.
Ha parado de llover, el campo está verde y los riachuelos vuelven a llevar agua, las ranas croan en busca de pareja, ha salido el sol y los campos se llenan de flores. Aquí en el sur, con media España bajo la nieve ya ha comenzado la primavera. Todavía hace algo de frio pero estoy seguro que este verano tendremos muchísimo calor.

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