Todos los domingos ibamos al mercadillo de la Brecha en San Sebatián y la mayor satisfacción radicaba en buscar los títulos que faltaban, abrirlos, leer la primera frase y la última. A continuación sacaba el dinero de la paga semanal y volvía contento con mis padres.
No he vuelto a ese viejo mercado desde hace más de 20 años pero todavía lo recuerdo perfectamente. De la misma forma que recuerdo ese globo terraqueo iluminado en el cabecero de mi cama, el que me servía para leer a escondidas cuando ya hace tiempo que se suponía que tenía que estar durmiendo. Con las sabanas hasta las orejas me sumergía en las historias de Los Cinco Amigos, Los Siete Secretos y Los Hollister.
Cuando rendido por el sueño dejaba mis aventuras a la mitad, le daba vueltas al globo terraqueo y lo paraba poniendo el dedo en un punto. Si caia en agua, repetía la operación, hasta caer en un país, ver su extensión, el nombre de la capital ... y prometerme a mi mismo que también ese sitio tendría que conocerlo.
Seguí creciendo con Jack London, R.L Stevenson, Allan Poe, el gran Julio Verne, Karl May, vibraba con Sandokan y Los tigres de Mompracem, con las batallas del Capitán Hornblower, siguiendo los pasos de Cristian Fletcher y sus amotinados en La Bounty, convertí en mios el Cabo de Hornos y el de Buena Esperanza, me adentraba en busca de tribus perdidas y tesoros infinitos por todos los continentes. Desde los fríos del Ártico hasta el caluroso y agobiante ecuador.Mi realidad durante muchos años fueron un cúmulo de sueños y paisajes de ficción.
Con la adolescencia y juventud las lecturas se convirtieron en serias y obligadas, los estudios en agotadores y el placer en obligación. Kafka, Hesse, García Marquez, Vargas Llosas y todos los clásicos de la literatura contemporanea.
Pero esos momentos, esas primeras lecturas que me descubrieron un amplio mundo por descubrir quedan grabadas en la memoria. Ahora, cuando vuelvo a prepararme para un viaje no puedo evitar pensar cuando empezó todo. En esa cama llena de sueños iluminada por un globo terraqueo. Ahora como adulto por fin puedo conocer esos sitios tantas veces soñados. Quién me lo iba a decir.


Mi palacio está rodeado por pollos a pocos kilómetros de un pueblecito muy conocido de la costa de Cádiz. Estoy en la edad de hipotecarme y hacer algo en esta vida. Mi princesa se marchó o la eche , a día de hoy todavía no lo sé. Pero eso sí, tengo perro que me ladre.
Sólo tu globo terráqueo te lo podía decir... me sonrío con tu niñez...
Sincero, soberbio, magnánimo. Un placer de lectura. Hermosa idea la del globo.
Lo cierto es que el globo ese debe andar todavía por algún lado.
Cesar, gracias.
mira eso no sir ve no tiene nada de informacion busque
mira eso no sir ve no tiene nada de informacion uno busca informacino buena