Tras diez horas en la Edad de Hielo, o lo que es lo mismo, en un autobús con un aire acondicionado congelador luchando por mi sillón con lo más parecido a un luchador de sumo venezolano llegué a Puerto Ordaz.

Puerto Ordaz es un adolescente hecho ciudad. Tiene 42 años de vida y en ese tiempo surgió de la nada para llegar a convertirse en una población de más de un millón de habitantes. Al igual que los jovenes tiene ese apetito de comerse el mundo, se planificó con grandes avenidas, estupendas autopistas y ultimamente proliferan los centros comerciales enormes saciando el apetito consumista.

Lo más imponente es un salto de agua en el parque de la LLovizna, para ellos es un "salto chiquito", yo creo que por ahi baja más agua que por todos los ríos de España juntos. Esta maravilla natural, perfectamente cuidada se encuentra a cinco minutos de la ciudad, tras la octava presa más grande del mundo. Aqui lo hacen todo a lo grande.

Sin embargo lo más sorprendente para el europeo son esos inmensos espacios entre los edificios, esos descampados, esa anarquica disposición de los edificios que hacen que sea una ciudad iluminada.

Esta ciudad industrial es algo diferente. No puedo despedirme sin anotar nuevamente la inmensa hospitalidad de la que hacen gala los venezolanos, ahh y de las miles de flores que inundan este país en este día.

Mañana Ciudad Bolivar y la preparación del asalto a la Gran Sabana.