No tengo remedio, tanto hablar del Santo Angel, comprar billetes, remover cielo y tierra para ver el mayor salto de agua del mundo, para decidir a última hora que no voy a verlo.

Asi soy yo, todo lo planeo para poder cambiarlo luego y darle la vuelta a la tortilla. En pocas horas atravesaré la Gran Sabana hasta llegar a la frontera con Brasil y ver las maravillas que me ofrece el Parque Nacional Canaima y sus tepuyes.

De todas formas es una decisión meditada y tomada en el último minuto. El Salto Angel no se va a mover y prefiero verlo en otra ocasión y circunstancias, además asi siempre tendré en mente volver para verlo. Se convertirá en un objeto de deseo que tarde o temprano forzará mi vuelta a estas tierras.

Hoy he visitado Ciudad Bolivar en compañía de tres jovenes estudiantes de "Comunicación Social", uno de ellos quiere quedarse por aca, el otro sueña con ir a Estocolmo y ella quiere algún día hacer un posgrado en España.

Lo más sorprendente fue la conversación que tuvimos al final sobre amor, orden, vida, y la forma de llevarlos adelante. Cuando vi a uno de ellos negando la locura del amor, buscando la racionalidad y confesando que su prioridad es tener una vida organizada sin sobresaltos como camino a la felicidad no pude evitar sonreir. Este chico que todo lo sabía, necesitaba a una linda "chamita" que le pusiese el corazón boca abajo y que le despertase miles de pajaros que seguramente tiene acurrucados en una cornisa sin atreverse a volar.

Espero que la encuentre y volver a encontrarmelo algún día para preguntarle si sigue pensando lo mismo.