Y usted, ¿tiene hijos?
Me senté a su lado buscando una conversación interesante y un compañero delgado en ese autobus repleto, destartalado y que estuvo con salsas y rumbas puestas durante las 12 horas que tardamos a Santa Elena.
Acababamos de pasar el primer control militar y al parecer el joven soldado se había animado a entablar una pequeña conversación a las 2 de la mañana.
Hector, que asi se llamaba el muchacho viajaba de uniforme con una pequeña mochila como unico equipaje. Se bajaba en el kilómetro 88 y disfrutaba de un permiso después de sus 6 primeros meses en el ejercito. Iba a visitar a una tia suya.
Venía de Ciudad Bolivar, donde se encontraba su mujer y su hijo de 4 años. Ese fue el choque cultural, tanto le sorprendía a ese niño grande de tez morena el que yo con 29 años no tuviese ningún hijo ni mujer como a mi que el con 18 tuviese uno de 4 años.
Tampoco entendía que hacía alguien como yo tan lejos de mi casa por estos parajes si no tenía a nadie que visitar, a él no le gustaba viajar, prefería estar con su familia. De hecho lo que menos le gustaba del ejercito era el estar alejado de su gente y le gustaba más arreglar motos, que es lo suyo.
A mitad de camino se bajó y a mi me dejó dudando. Qué es más natural y lógico, ¿lo suyo o lo mío?.
A mi todavía me quedaban 6 horas por delante, dos controles militares que me obligaron a vaciar la mochila al igual que al resto del pasaje. Los soldados, muy educados, lo controlaban todo aunque no dejaba de ser curioso ver esa ropa de niño, esas intimidades, esas planchas, esos libros en lo alto de una mesa de madera a la vista del resto de pasajeros y soldados. Dime lo que llevas y te dire como es tu vida. La de mis compañeros de fatiga esta noche era muy humilde.
Finalmente, ya de día, tras ver los primeros tepuis en la lejanía, observar a traves de las lunas tintadas del bus la Gran Sabana llegamos a mi objetivo, Santa Elena.
He establecido mi campamento base para los proximos días, aprovecho para poner todo en orden, limpiar ropa, dormir y descansar, comprar, cambiar dinero en el mercado negro, comer en cantidad y tomar fuerzas para esta parte del viaje. Mañana haré mi primera bajada en rafting, espero volver sano y salvo para poder contarlo.


Mi palacio está rodeado por pollos a pocos kilómetros de un pueblecito muy conocido de la costa de Cádiz. Estoy en la edad de hipotecarme y hacer algo en esta vida. Mi princesa se marchó o la eche , a día de hoy todavía no lo sé. Pero eso sí, tengo perro que me ladre.
norte santafesino dijo
Cuidate zarzu... no te lesiones con el rafting y por favor volvé pronto sana y salva.Un beso
Jorge
17 Febrero 2006 | 03:50 AM