La llamada de lo salvaje
Las azuladas y turquesas plumas del martin pescador se movían con agilidad entre las nubes de agua que se formaban al precipitarse esa cantidad ingente de agua desde 60 metros de altura. Eramos los únicos en un espacio virgen, lleno de fuerza y vitalidad, el rugir del agua, el verde de los arboles , el silencio de mi interior y el dicharachero revolotear de mi juguetón compañero.
En ese momento, unos rayos del ocaso iluminaron la parte superior del salto mientras que yo extasiado una vez más me vi empequeñecer.
Al día siguiente, a la misma hora se despejaron todas las nubes de los tepuis y la luz de la puesta de sol les hacía resplandecer, tornar de color, erguirse orgullosos y acabarón por encender todo el cielo en una muestra de poder simplemente maravillosa.
El mismo poder que llevan sus rios, la fuerza de sus cascadas, la amplitud de la Sabana, el tiempo y el espacio pierden todo sentido. Montañas que llevan mas de tres millones de años en ese mismo sitio, serpientes de mil colores que reptan entre su ruda vegetación, distancias inabarcables, sonrisas indígenas, rostros arrugados y tostados, pozas paradisiacas, un silencio que provoca el estruendo interior y una luz cambiante y diversa, caprichosa y esquiva.
Viendo las cascadas, la amplitud, la selva bajo los tepuis una voz interior resquebraja todos los convencionalismos y produce un terremoto desde el corazón que con cuyos sonoros latidos sigue una lejana llamada, una voz salida del silencio que lo va llamando a uno.
No hay estelas de aviones sobre la Gran Sabana, puro cielo. No hay ruidos, simple silencio. No es el paraiso, es más bien un maravilloso infierno. Es la fuerza, el poder, la utopia, la posibilidad de escapar del siglo XXI.
En noviembre vuelvo, con tiempo, bien organizado y con equipo. Esta llamada ha sido muy fuerte y yo estoy lo suficientemente loco. Santa Elena tiene 5.000 habitantes de 62 nacionalidades. No creo estar más cuerdo que ninguno de ellos.


Mi palacio está rodeado por pollos a pocos kilómetros de un pueblecito muy conocido de la costa de Cádiz. Estoy en la edad de hipotecarme y hacer algo en esta vida. Mi princesa se marchó o la eche , a día de hoy todavía no lo sé. Pero eso sí, tengo perro que me ladre.
carmenex dijo
Disfrutalo! el silencio, los colores y tus planes!
21 Febrero 2006 | 02:05 PM