Santa Fe y Zahara, un viaje en el tiempo
Con las primeras luces del alba salen los pescadores en sus largos y multicolores botes de madera, de tres a cinco ocupantes por embarcación, entre pelicanos y palmeras. Horas mas tarde, la plaza delante del hotel es un ir y venir de botes, descarga de cajas de pescado, furgonetas que vienen a recojerlo.
No puedo creerlo, el olor de arena mojada y pescado fresco, las camisetas decoloridas, los pesos de toda la vida, esos rostros, esos colores, el plateado en las cajas, un perro molesto..... ante mi aparecen imágenes de hace 25 años.
Son mas oscuros pero veo a mi tio Fernando, las arrugas del Cuchi, el tamaño de mi tio Manolete cuando todavía eran jovenes, junto a ellos mis primos, adolescentes ayudando en el bote. Y Juana la Chata esperando en la orilla.
Ese olor me trae a la casa de mi abuela Catalina. Cuando veo que la plaza es de arena, oigo el murmullo y las voces, veo los niños corriendo por la calle. El restaurante Club Nautico, que dentro de unos años será como el Porfirio, mi hotel es como era el de Castro, el descampado tiene la misma mierda que el terreno de Garbana y esta zona es como el Zapal. Cambia el flamenco y las sevillanas de los transistores por salsa y rumba de los cCD,s. Poco más.
Al atardecer, uno pinta su bote mientras cuatro a su alrededor miran y hablan. Los gritos de los niños se adueñan de las calles, las chicas pasean, los chicos miran, el tonto del pueblo mira a la farola y habla solo, los perros estorban y ladran. Los turistas van a su posada, en la playa hay dos chiringuitos con buena comida y todo transcurre muy tranuilo. Asi era Zahara hace 25 años, asi lo recordaba. Ahora de eso queda poco, de esa magia, esa vida, esa alegria de los pueblos que viven en la calle. El turismo y el progreso pudieron con todo eso.
Por supuesto hay diferencias, aqui la playa es solo el punto de partida para iniciar excursiones a las islas de los alrededores en las que hay playas paradisiacas y caribeñas, con iguanas en los árboles, fina arena en la orilla y bellos corales y peces en el mar. Mar por el que brincan y saltan los delfines y que patrullan los pelicanos.
Por la noche, el gin tonic espera ante el susurrar del mar. Antes de dormir vuelvo a observar la plaza, bajo la luz amarillenta de la única farola me pareció ver a mi abuela Catalina con su pañuelo, sus prismáticos, sentada con su silla en la arena esperando la llegada de los botes.


Mi palacio está rodeado por pollos a pocos kilómetros de un pueblecito muy conocido de la costa de Cádiz. Estoy en la edad de hipotecarme y hacer algo en esta vida. Mi princesa se marchó o la eche , a día de hoy todavía no lo sé. Pero eso sí, tengo perro que me ladre.
norte santafesino dijo
mmmmmme encanta lo del atardecer, mirar el mar y la arena...¿no me invitarias linda amiga?
Un beso
Jorge
22 Febrero 2006 | 06:21 AM