Engaña. Santa Fe no es trigo limpio. Cuando llegas te encuentras unas calles sucias, sin nada en especial. Tampoco cuando llegas a la playa con sus posadas parece nada del otro mundo, pero parece tranquilo y la playa está limpia.

Solo poco a poco el sitio va embaucando. Primero con la vida que le da su "muelle" lleno de barcas de pescadores y un ajetreo constante, después con buena comida a precios muy razonables y el alojamiento más barato desde que llegue a Venezuela.

Cuando quieres darte cuenta estás en la barca viendo a los delfines, llegas a una playa pequeña, desierta de blanca arena con sus cocoteros y una vegetación que llega hasta la playa.

A más tardar cuando descubres como unas 20 especies diferentes de peces jugando entre el coral, las formaciones, el arrecife natural, el placer de escudriñar cada hueco submarino empiezas a darte cuenta del peligro que corres.

Un colibri valiente me alerta que estoy en su territorio revoloteando a mi alrededor. Al poco descubro un minusculo nido en la rama de al lado y me alejo dos metros. Al poco, la diminuta ave se posa y me deja en paz. Hemos llegado a un acuerdo de vecindad.

Más tarde las iguanas bajan del monte y empiezan a escalar las palmeras. Se van dos turistas y me quedo absolutamente solo en la playa. La tarde fantástica, los cangrejos por la arena y un sentimiento de paz y felicidad. El Caribe existe alejado de grandes complejos hoteleros, en los que el pescador te lleva a la playa en el que las iguanas te ceden un trocito de playa.

Al volver, las olas lo empapan todo. Es una travesia divertida y molesta a la vez. Ducha en el hotel y vuelta a la playa a la puesta de sol con una buena cerveza. Los pies en la arena y la impresión de que podrías quedarte una eternidad haciendo lo mismo cada día.

Por la noche, desde la terraza veo el ajetreo de la plaza mientras la rumba viene de un local cercano. Me pregunto cuanto tiempo este sitio seguirá embaucando de forma secreta antes de que la Internacional Mochilera y la Lonely Planet lo acaben lanzando a la gran ruta mochilera global.

Prefiero no pensarlo y disfrutar del cálido viento nocturno. Si algún día salgo a por tabaco, ya sabreis donde encontrarme.