Carta a un imbécil
Te conocí a principios de los noventa, estábamos en la edad en la que nosotros empezábamos a ver a las chicas pero estas ya hace tiempo que veían a chicos mayores que nosotros. Pasamos juntos esos interminables veranos en los que el grupo de amigos era inmenso y la playa parecía nuestra.
Nuestras se volvieron las noches al calor del fuego, las primeras borracheras, primeros escarceos y besos, el sonido de las guitarras, los baños a la luz de la luna y esa confianza en un futuro que no existía tan ocupados como estábamos en que no se nos escapase el presente. Me acuerdo perfectamente de tu voz, tu guitarra, esos chistes gaditanos y esa eterna sonrisa que te hacia irresistible para esas niñas venidas de Sevilla o Madrid. Me acuerdo de tu interminable canción “es el fin es el fin, es el fin…..” que proseguía durante decenas de minutos entre nuestras carcajadas.
También me acuerdo que un verano llegaste con tu novia y ya poco querías saber de tus amigos, de una pandilla que año a año iba perdiendo miembros mientras que el pueblo se llenaba más y más. También sé que al año siguiente tu novia se quedo embarazada y fuiste el primero de mis amigos en ser padre. Tampoco puedo olvidar el día que me presentaste a tu familia. Te habías casado, marchado de casa, tenías mujer e hijo y estabas sin trabajo.

La situación empeoró y ese mismo invierno acabaste en el calabozo con una docena de jóvenes del pueblo (con uno de los tontos del pueblo oficiales incluido). Eran tiempos de mucho contrabando de droga y no pudiste evitar la tentación del dinero fácil para salir del apuro.
A los dos años nos volvimos a encontrar, ya estabas bien para contar todo lo vivido en la cárcel, el miedo que pasaste, la desesperación de la familia, la ley del silencio, que pinchabas la música para la prisión desde el torreón y hasta participaste con otros chicos en un certamen de rock.
Aprendiste el oficio de fontanería y solo sabía de ti por boca de otros. Nuestros caminos, como los de la mayoría de ese grupo inicial habían tomado rumbos diferentes y ya poco compartíamos. Sé que te separaste pero que por lo demás las cosas te iban bien.
Ayer estuve con los del pueblo, me han contado que te han vuelto a pillar en otra movida. A ti y a otros tres del pueblo con unos cuantos cientos de kilos de hachís. Estás otra vez en la cárcel. Serás imbécil.


Mi palacio está rodeado por pollos a pocos kilómetros de un pueblecito muy conocido de la costa de Cádiz. Estoy en la edad de hipotecarme y hacer algo en esta vida. Mi princesa se marchó o la eche , a día de hoy todavía no lo sé. Pero eso sí, tengo perro que me ladre.
norte santafesino dijo
Mierdaaa.... historia dura de contar...
Digna para que muchos que aprecian el dinero facil la lean.
Te felicito.
Un posteo EXCELENTE ZARZU
Un besito
Jorge
10 Marzo 2006 | 03:57 AM