Una amarga sonrisa se está apoderando de mi rostro con cada vez más frecuencia. Es un gesto unido a la caida de hombros y un cierto aire de superioridad en plan : "te lo dije, eso ya lo sabía yo".

La sonrisa no sale con malicia, sino con cierta resignación. Por ejemplo, cuando me veo ahora a los grandes defensores de la guerra de Irak, los que me llamaban reaccionario, iluso, inocente y alarmista. Los hechos me dieron la razón en todo, en que no había armas, que era una excusa, que iba a ser un desastre y que se iba a meter la pata hasta el fondo.

Cuando criticaba nuestra política de inmigración, diciendo que las vallas no valían que se buscarían otros caminos, que esto o lo solucionamos en origen o no hay nada que hacer, se me tildo de iluso, abrepuertas, demagogo y poco racional. Ahora vemos que siguen entrando y cada vez nos cuesta más dinero intentar pararlos con escaso éxito.

.

Cuando defendía hace más de una década las energías renovables, el ahorro energético, la independencia del petroleo, el freno de nuestra cultura de la contaminación y del falso desarrollo. Se me echaba en cara que primero había que ganar dinero, que el medio ambiente ya se las apañaría, primero los beneficios y la palabra mágica, puestos de trabajo.

Ahora vienen a buscarme, nos van a llenar el pueblo de molinos de viento para hacer parques eólicos. Me llaman, me hablan de manifestaciones, de medioambiente, de naturaleza ..... de la defensa de lo propio.... ahora.

Pues ahora no voy. Que lo llenen todo de molinos, así no lo llenarán más de hoteles y apartamentos. Además no puedo comprarme ni una casa en esta tierra por culpa de la especulación, de los hoteles, de que solo hagan adosados de lujos... pues que lo llenen de molinos. Y quiero verlos ahora, con sus Mercedes y BMW, sus apartamentos de lujo, sus ropas caras, a esos niños pijos con jersey Lacoste, tras una pancarta defendiendo su patrimonio, cortando carreteras, siendo ecologistas por un día, pasando miedo al ver a los antidisturbios.... los quiero ver.

Voy a sentarme a ver como suben las aguas, se nos secan los campos, desforestamos lo que nos queda, nuestra industria se hunde por la globalización, desaparece la diversidad, cerramos nuestras sociedades, aceleramos nuestro ritmo de vida, se multiplican divorcios, separaciones y personas insatisfechas, como nuestras ciudades acaban reducidas a centros comerciales y de negocios, a como se desplomará el precio de la vivienda de un día a otro y como lo sacrificamos todo solo en función de la productividad, el beneficio y la competitividad.

No pienso mover ni un dedo para evitarlo.