Estaba deseando verlo, mientras negociaba el precio por el móvil y me iba a toda velocidad hacia Barbate ya sabía que hoy iba a ser un día especial. Llegamos a un acuerdo, 60 kilos de atun de almadraba a un precio razonable.

Al llegar a la cocina una hora y media después me vi los tres tacos, los tres trozos de materia roja y sangrienta en los que se había convertido ese fantástico atún de almadraba. El cocinero, blanco, resacoso, con un cuchillo en la mano sin saber por dónde meterle mano.

Me puse la chaqueta de cocinero, nos fumamos un pitillo y después empezamos a meterle mano. Todo el día cortando, limpiando, pesando, envasando, etiquetando y congelando esa deliciosa materia roja, cuyos restos comiamos crudos con un poco de sal y aceite de oliva. Un manjar exquisito.

Para un restaurante especializado en atún la llegada del primer atún de la temporada no deja de ser un acontecimiento y una pequeña fiesta. Volvemos a tener materia prima para vender nuestro solomillo, nuestro tataki, el tartar, el carpaccio y el sashimi.

Ahora sí que empezamos la temporada de 2006, todo lo demás no ha sido más que un gran ensayo, uno más para la función que tenemos que realizar cada verano.