Semana de infarto y pequeña reflexión
El almacén rebosando vaciándose por minutos, una terraza literalmente invadida sin una silla libre durante más de ocho horas, viejos y nuevos amigos presentándose por sorpresa, una despedida de soltero a mitad de puente en una magnifica villa con vistas a toda la costa, la cocina funcionando al 120 por ciento, días eternos y noches increiblemente cortas para acabar metiendo los pies en un charco a la orilla del mar a las cuatro de la mañana, este ha sido el puente de mayo.
Una semana de auténtica locura en la cual nuevamente decenas de miles de personas nos tomaron al asalto, nos sacudieron y unos pusieron al límite de nuestra capacidad. Un equipo que ha respondido con creces, que madura a velocidad de vértigo y dispuesto a montarla y hacer algo grande este verano. Un cuerpo agotado con la sonrisa del quien sabe que va por buen camino y que lo peor ha pasado.
Y el sabado por la noche despedida de soltero, el Notas dando por ahi vueltas y acabando con los restos de la barbacoa, amigos y conocidos tomando copas con una vista urbana a sus pies, creada en menos de diez años producto de la especulación y la corrupción.
Amigos, el Notas y un chico sometido a todo tipo de situaciones a la espera de una sorpresa que no acababa de llegar y que cuando hizo aparición primero hizo enmudecer y después jalear. La aparición, rubia de bote, con cuerpo de gimnasio, ropas atrevidas y mucho ritmo en el cuerpo sacudio al novio, lo hizo bailar y tumbarse, le obligo a sentarse, a tocarla, a sonreir, mientras se iba desprendiendo de ropa en las narices de ese pobre e indefenso chico.
Al día siguiente, sufriendo la fiesta y las escasas horas de sueño llegó una mezcla de tsunami-termitas que arraso con todas nuestras existencia y lo que quedaba de mis mermadas fuerzas.
El pueblo ha vuelto a estar tranquilo. Estamos los de siempre y tres más. Hoy y mañana estamos de descanso mientras la lluvia ha vuelto a hacer su aparición.
Finalmente me pongo a pensar, es inevitable. Quieras o no es una cifra redonda. No todos los días se cumplen treinta años, y yo con estos pelos. No puedo evitar sonreir, mirar atras, ver la playa y el horizonte, brindar con mis chicos, soñar y hablar con Ella, telefonear con los amigos, cenar con mis padres, acariciar al Notas, conversar con mis hermanos y abuelos, sentarme ante esta pantalla y acabar este post diciendo que estoy plenamente satisfecho de ver por donde voy. Ha sido una semana grande.


Mi palacio está rodeado por pollos a pocos kilómetros de un pueblecito muy conocido de la costa de Cádiz. Estoy en la edad de hipotecarme y hacer algo en esta vida. Mi princesa se marchó o la eche , a día de hoy todavía no lo sé. Pero eso sí, tengo perro que me ladre.
princesita dijo
Pues prepararos porque el 15 es San Isidro...
Felicidades! y que cumplas muchos más...
4 Mayo 2006 | 10:48 AM